Cielos de Ira – María Martínez Franco

Críticas 4 DNF

Cielos de Ira – María Martínez Franco Cielos de Ira de María Martínez
      Editorial: Roca
            Fecha de Publicación: 22/05/2014
            ISBN: 978-84-9918-725-9
            Páginas/Tamaño: 304
            Formato: Tapadura
      Genero: Histórica
      Fuente: Editorial
            DNF
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Europa. Segunda Guerra Mundial. Durante la ocupación alemana el M16, el servicio de inteligencia británico intercepta un mensaje que induce a pensar que el líder alemán piensa construir un arma de destrucción masiva en España, un territorio que los aliados no controlan. En San Juan de Luz, Francia, se reúnen dos altos mandos militares: un teniente español y un coronel alemán para concretar la construcción de dicha arma. Silvia Duque Vauchel es hija del teniente español, y como miembro de la resistencia francesa, recibe el encargo de robarle a su padre los planos del arma, aunque para hacerlo tenga que poner en peligro la vida de ambos. Por su parte, El MI6 envía al mayor Raine Grant a San Juan de Luz, con la misión de ejecutar al coronel alemán y al teniente español una vez que haya obtenido la información y los planos.

"Cielos de ira", de María Martínez Franco, se presentaba como una novela interesante ambientada en la 2ª Guerra Mundial (una ambientación que, dicho sea de paso, me encanta). Pero no he podido terminar de leerla.

 

Francia, 1942. Silvia Duque Vauchel, hija de un militar español de alto rango y de una ciudadana francesa, es una miembro activa de la resistencia francesa. Se ocupa de enviar niños españoles y franceses hacia territorio belga para alejarlos de la guerra. Hasta que un día es interceptada por un grupo de militares aliados que la sorprenden con una misión sorprendente; contactar con su padre, con el que hace tiempo que no tiene relación, quién está en suelo francés y hacerse con los planos de una importante y novedosa arma que los nazis están construyendo.

Para que a su padre no le sorprenda el repentino acercamiento, la excusa del mismo es hacerle partícipe de su reciente matrimonio con un ciudadano irlandés, Ray. Pero para que todo parezca real a los inquisidores ojos del veterano militar, el matrimonio tiene lugar realmente.

 

¿Os pasa a vosotros que cuando algo os chirría mucho en una novela y os resulta increíble, empezáis a sentiros fuera de la historia y ya os cuesta sentir creíble todo lo que viene a continuación? A mi me suele pasar y en este caso me ha pasado en varias cosas, pero el detonante, fueron un plato de macarrones con tomate.

Pongámonos en situación: Ciboure (País Vasco-Francés), noviembre de 1942. Francia está ocupada por los nazis y los dos protagonistas de la novela (una joven mitad española, mitad francesa, que colabora con la resistencia francesa y un oficial aliado mitad irlandés, mitad británico) bajo la apariencia de una pareja de recién casados se instala en una casa para comenzar una misión. ¿Y qué se preparan en plena Francia de Vichy? ¡Pues unos macarrones con tomate, oiga! Lo más normal…

Puede que yo esté equivocada y que fuera la alimentación más normal en la Francia de la época, pero no me digáis que no suena raro de narices. Vamos, que si transcurriera en la italia de Mussolini, pues ni me habría inmutado, pero no veo yo claro que fuera una comida propia del lugar y de la época, que me hubiera sonado mil veces más creible que se comieran una crema de puerros, unas patatas gratinadas o, ya que están en zona costera, una sopa de pescado. Es, cuanto menos, curioso.

Sé que en EEUU los macarrones con queso precocinados se hicieron muy populares durante esta guerra entre la población por lo asequibles y accesibles que eran, pero una cosa es la población civil de un país en el que no había luchas en el terreno (me refiero al EEUU continental, por supuesto; ya sabemos que determinadas zonas como Hawai fueron otra cosa) y otra en la Francia ocupada por los nazis. Repito: quizá era un alimento accesible por el común de los franceses (y no me vale con que fuera propio de los servicios de inteligencia británicos porque sería muy de tontos usar comida del ejército para el que trabajas de incógnito), pero a mi me sonó tan raro al leerlo que me dejó descolocada en las siguientes páginas.

Hasta ahí, podéis llamarme tiquisimiquis, pero es que en los dos días posteriores leo que comen un día asado y al siguiente tortitas de maíz con pollo frito con bacon (y esto ya me suena pelín texmex, dicho sea de paso). Vamos, que les alimentan bien y poco importa que los vecinos ("total, son suizos, pertenecen a un país neutral", leemos de boca de Ray a cuento de otro tema) en plena escasez huelan semejantes viandas. Que entiendo que los nazis brinden con champagne y se pongan hasta las trancas de lo que les dé la gana y entiendo que los protagonistas tienen un respaldo y no van a pasar hambre, pero hombre, no me creo ni de coña que en semejante situación fuese esta su alimentación. Suena, cuanto menos, extraño y, además, innecesario. Si vas amencionar detalles vanales que sea para ayudar a la ambientación, no para sacarte de la misma. A mi me dices que en una chabola de pobres yonkies moribundos, por poner un caso, tienen una alfombra de Aubusson y ya me sacas de la historia, no me lo creo y pienso que al autor se le ha ido la pinza; que ponga que tienen una alfombra del mercadillo o una alfombra a secas, si vas a dar detalles que tengan sentido, porque en caso contrario te cargas tu credibilidad como narrador.

A todo esto le sumamos que entre unas comidas y otras la protagonista recuerda su infancia en España y lo que le gustaban los polos de limón. A lo mejor era lo más habitual en las España de los años ´20 (aproximadamente de esa época hablaría la protagonista) pero yo sólo de imaginarme a la hija de un militar de la época con un patapalo de frigo al salir de misa el domingo… pues me salgo de la historia. Me veo más un vaso de hielo picado (del que bajaban de los neveros cargados en mulos) cubierto de zumo de limón y azúcar, pero el polo, como que no. Y ojo, que no tengo ni idea de si en realidad existían los polos o no en la época y cómo los hacían, pero me suena tan raro que ya me descoloco.

Así que ya estaba yo un poco con la mosca detrás de la oreja y empezando a recelar de la historia con el tema de las comidas y con lo que me estaba costando empatizar con los protagonista cuando de pronto… Ver Spoiler »

Y por ahí si que no paso; me ha resultado tan asqueante que libro cerrado y a otra cosa, mariposa. No me apetece nada seguir leyendo la novela. Pero nada, de nada, de nada, que yo leo por placer, y nada más que por placer, no para encabronarme.

Mira que la autora bajo el pseudónimo Arlette Geneve ya me había decepcionado con "Mudaÿÿan!, aunque luego más o menos me reconcilié con su escritura con "Vindicatio". Pero de esta esperaba mucho, mucho más, y he sido incapaz ni de llegar a la mitad de la historia.

Para mi, tiempo perdido.

Y tú, ¿la has leído? ¿Te ha gustado? ¿Qué opinas de mis "problemas" con ella?

 

Marhya

Marhya

Me llamo María pero en el mundo online se me conoce más como Marhya. Desde hace más de siete años escribo el blog En Mil Batallas como dice su sobrenombre un blog de "cocina, literatura y otras aventuras". Ahora acompañaré a mi hermana en esta aventura escribiendo críticas de las novelas que vaya leyendo y algunos artículos tanto objetivos como de opinión sobre diversas cuestiones relacionadas con el mundo literario.

4 Comentarios en “Cielos de Ira – María Martínez Franco”

  1. Lucero

    Gracias por tu comentario Marhya, ya que cuando ví esta novela pensé que sería una buena lectura;con lo que dices de ella me has ahorrado gastar el tiempo en ello. Es que a veces los temas o ambientaciones nos pueden parecer muy sugerentes y luego una se desengaña si ést@s no está bien tratad@s.

  2. Maria

    No he leído nada de esta autora (ni me parece que lo vaya a hacer por ahora) pero te felicito por haber dejado de leerlo si no te convencía. No están las listas de libros por leer como para perder el tiempo con algo que no te parece bueno o convincente.

    Es en los detalles pequeños donde se reconoce a los buenos escritores, y por lo que parece, aquí falta mucho de eso.

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